jueves, 25 de septiembre de 2008

Lagunas prisioneras



A las lagunas de Ruidera, 1976.


A los pies de estas verdes montañas
salpicadas con rayos de luna,
bajo un manto cubierto de estrellas
que reflejan las bellas lagunas.

Yo quisiera cantar un poema,
el más bello que plasme mi pluma
pero, amor y belleza me arranca
Esta noche, que es todo hermosura

Se respira el olor a romero,
el tomillo esta noche perfuma
y se mueven las ramas del pino,
donde duerme la alondra desnuda.

Sopla el aire cargado de sueños
y, en la casa, con suave dulzura
va dejando perfume de amores
el silencio, en la dulce penumbra.

Ya las sombras se duermen serenas,
ya el silencio es anillo de cuna,
y un gemir misterioso se escucha
en las entrañas de la tierra profunda.

Es lamento o quejido lloroso,
es un llanto con lágrima pura
recordando, quizá, de aquel tiempo
que esta tierra se abría desnuda.

Hoy se sienten aisladas y solas,
prisioneras de aceros y puntas,
y por eso se escucha en la noche
el gemir misterioso de estas bellas lagunas.

Ellas, que abren su amor a los hombres,
que en sus aguas los niños disfrutan,
que recogen palabras de amores
y las bañan en noches de luna.

Ellas brindan descanso a los ojos
muy cansados de noches impuras,
y que el alma se siente embriagada
en su inmenso cariz de ternura.

Han llegado, al correr de los tiempos,
a esta triste prisión que le anuda,
y sus aguas palpitan de pena,
y un gemir misterioso en la noche se escucha.

¿Por qué al campo le ponen barreras?
¿Por qué enclaustran así las lagunas?
¿Por qué quieren aislar estas aguas,
apretando sus bellas figuras?...

¡No pongamos cadena a las flores!
¡No pongamos barrera a la Luna!,
pues si atamos así los amores
nacerá incomprensiones y dudas.

Pues, sabed que es muy triste escuchar,
en las noches muy claras de luna,
el gemir misterioso y callado,
en su cárcel sombría y oscura,
donde saltan aisladas de aceros
nuestras bellas y tristes lagunas.

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